Varios tambores en el escenario, más músicos que tambores, esperando su turno para sumarse o abandonar la melodía conjunta. Un ritmo muy solemne y difícil de contar, que emanaba tradición y daba a entender como muchas generaciones de práctica habían conseguido elaborar unos ritmos arraigados en la cultura, que de ningún modo podrían ejecutarse con tan solo leerlos en una partitura.
Además, llegado a un punto del espectáculo, los músicos solo miran al frente y así pierden toda referencia visual, que les podría ayudar a mantener el ritmo.
Asñi los músicos van rotando, desplazandose con estudiada coreografía para por fin culminar con un estruendo que quita el habla.
Aquí podeis ver un fragmento, estoy deseando poder asistir a un evento profesional de estos músicos.
1 comentarios:
Un colega vio un espectaculo en Leo y dijo que fue una maravilla. Yo le tengo ganas desde hce tiempo
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